reflexión
No es un día como cualquiera. Hoy se cierran sueños compartidos y lo vivido pasa efectivamente al álbum de los recuerdos. No hay festejos ni brindis, como fueron sugeridos, porque no amerita que este ciclo se cierre con alegría. Duele, aunque la decisión sea mía. Duele concluir lo que algún día soñé para el resto de mis días. No se trata de arrepentimiento, sino de respeto por lo que existió. y
Hay días en los que el alma se quiebra en pedacitos y, aunque intento juntarlos lo más rápido posible con el fin de que ninguno se extravíe, a veces no lo logro. Y ahí quedo, con el alma destrozada, intentando armar el puzzle desde un rincón oscuro de mi soledad. Lloro sobre las piezas, una vez más, odiándome por haber vuelto a creer que esto no sucedería más. Sin embargo, lo más doloroso no es
Desgarradora ausenciaque se cuela entre mis poros,como sangreque entra por la arteria incorrecta,causando estragosen todos mis órganos;principalmente en aquellosque aún algunos médicos entiendenque no existen como tales,que son sólo inventosde románticos empedernidos,alimentados por poetasa los que les sobra el tiempo.Mientras los días pasan y determinanlo más adecuado para terminar de una vezcon
Cuando decidí poner punto final a mi relación matrimonial de casi 15 años, muchas cosas pasaron. Intentos de reconstruir lo ya roto, sentimientos de culpa, desolación, miedos, angustias. Y mucho de todo eso de debía por los niños. Que cómo lo iban a tomar, cómo se iban a sentir, qué les iba a ocurrir, lo mala madre que sería por quebrar su familia, etc. Luego me di cuenta que quizás algunas cosas
Estoy cansada de ser tan importante para los demás. Y no lo digo con orgullo ni soberbia, sino con hastío. Porque me parece increíble que la gente no tenga nada mejor que hacer que hablar de los problemas ajenos, que juzguen al otro como si sus vidas fueran inmaculadas, que no tengan la menor idea de lo que uno ha vivido como para venir a decir si lo que uno pudo (o no) haber hecho lo hizo
La muerte de un hijo no tiene consuelo. Sea como sea, no lo hay. Si es que está enfermo, tenemos siempre la esperanza y fe de que mejore. Si es una muerte inesperada, de esas que aparecen de golpe, los primeros instantes parecen surrealistas, algo que no nos está sucediendo a nosotros. No importa la edad que tenga. No estamos preparados ni programados psicológicamente para ver morir a
No quiero tantas cosas que con eso debiera bastar para decir basta. Pero no siempre suficiente es una palabra que contenga magia y transforme lo real en lo imaginario. O viceversa. Pero hoy no quiero; y digo basta. Y aunque ese basta no baste, esta noche ya me alcanza.
Cuando yo era niña no ponía mucha atención a mi cuerpo. Bueno, es que por ese entonces no estaba siquiera segura si tenía cuerpo o no. Quiero decir, sabía que existía, pero no lograba comprender si en realidad mi existencia ocurría en el mundo en el que supuestamente vivía o en aquel que transcurría del otro lado del espejo. Me llamo Ana, y eso me daba la facilidad de ser la misma aquí que
Respiro el aire que trae el mar (1). Es fresco y su aroma salado renueva mi espíritu. Me encanta despertar en Punta del Este (2) y disfrutar de la mañana sin apuro (3). Especialmente hoy, que Pedro (4) vendrá a visitarme (5). Hace días que no nos vemos y estoy ansiosa por encontrarme con él. Seguro caeré en sus brazos (6) como la niña enamorada en la que suelo transformarme (7) cada vez que